
Es posible pensar en las nociones de primer orden como los nombres que asignamos a las cosas que componen la historia. Algunos ejemplos de estas palabras son el parlamento, el imperio, la monarquía o la iglesia. En este sentido, el contexto histórico tiene mucha influencia en estos términos, ya que son palabras que surgieron en determinado momento en el pasado y a pesar de que su uso puede ser asociado con algo antiguo, sigue teniendo relevancia en el presente.
En realidad, estas etiquetas parecen corresponder a entidades tangibles que existieron en la antigüedad, pero no es así. Sin embargo, la verdad es más incierta, ya que los historiadores utilizan ciertos términos para referirse a grupos de personas, a corrientes filosóficas, formas de gobernar y muchas cosas tan dispares que pudieron haber existido en la Inglaterra medieval, el Japón feudal o hasta los Estados Unidos de la crisis del 29.
En este aspecto, está claro que las categorías de primer orden son creaciones de la disciplina histórica utilizadas por el historiador para imponer un significado y una estructura al pasado; son generalizaciones que nombran e incluyen una variedad a menudo grande de experiencias.
Estas etiquetas pueden ser útiles, legítimas y aceptables para la gente como generalizaciones descriptivas que significan cualidades compartidas (campesinos, caballeros) o experiencias históricas comunes (cruzadas, dictaduras, inquisición) e instituciones u organizaciones con cierta continuidad a lo largo del tiempo (iglesia).
¿Cuál es el propósito de este concepto?
Los expertos utilizan estas nociones para comprender la antigüedad, ya que son ideas básicas y universales. Esto quiere decir que por mucho que pase el tiempo seguirán manteniendo el mismo sentido y que incluso mantendrán un legado como creaciones que se hicieron hace muchos años.
En este sentido, la noción de la palabra rey por ejemplo, se mantiene incluso en la actualidad donde predominan más las democracias. Los reyes surgieron hace miles de años y la creación de tal concepto nos permite utilizarlo en el presente para describir al líder que mandaba a su reinado años atrás.
El análisis histórico: Sus múltiples caras.
Los términos que los historiadores emplean para analizar el pasado se denominan conceptos históricos de primer orden. Gracias a esto, los hechos y las experiencias pueden estudiarse utilizando los instrumentos más sencillos, como son, los acontecimientos, las interpretaciones, las causas y los efectos, las personas y los grupos, que prácticamente definiríamos como las partes más importantes del orden de dichos términos.
Por esta razón, una descripción bastante adecuada es la de cualquier cosa que puede ser presenciada o experimentada. Después de todo, nuestro presente también será el objeto de estudio de las personas del futuro, por lo que algunas cosas que vivimos en la actualidad seguirán vigentes después de muchos años.
En este aspecto, los colores y los números son dos ejemplos de ideas básicas, mientras que por otro lado, la idea de nación, está más matizada y además tiene un uso más general, que incluso depende del contexto en el que se utilice.
Descripción compleja.
Aunque estas definiciones pueden ser muy útiles, tienen varios inconvenientes. Pueden ser difíciles de describir con exactitud, ya que proporcionan la base para términos más sofisticados. Además, pueden ser excesivamente amplias o demasiado estrechas en su alcance.
Otro aspecto importante a considerar es que para entender la historia hay que ir más allá y también se deben considerar las ideas de segundo orden: herramientas disciplinarias y procedimentales que ayudan a los expertos a organizar, analizar, interpretar y examinar críticamente la historia.
Al ahondar en el pasado, buscamos patrones de causa y efecto, alternancia y constancia, e interpretación e importación. Todo esto surge desde el eslabón más sencillo, que en este caso es la asignación de una idea a una palabra en particular.
Significados perpetuos.
En el pasado, nociones como democracia y realeza se consideraban conceptos sustanciales. Como resultado de su configuración histórica, están sujetos a cambios. La democracia liberal moderna es sustancialmente diferente de la antigua democracia ateniense, por ejemplo, a pesar de ello, ambos países tienen gobiernos democráticos.
Este es un tema difícil de entender para los estudiantes y hasta para la gente en general. En este sentido, entra como factor la cantidad de información y el contexto alrededor de dichas palabras, ya que comprendiendo el tipo de era en el que surgieron, se pueden entender mejor sus significados.